
Hoy se cumple 20 años del primer naufragio de inmigrantes indocumentados en el Estrecho. Una patera con 23 personas a bordo naufragaba en la playa de Los Lances, en Tarifa. 18 murieron y 5 se salvaron. Se trata del primer naufragio ducumentado. Fue la primera vez que la prensa tuvo conocimiento de la noticia, en concreto fue el periodista tarifeño, Ildefonso Sena, el que vivió in situ la tragedia. Por primera vez, la prensa española comenzaba a informar de un hecho que por desgracia hoy en día, se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Es los últimos 10 años, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía estima que unas 15.000 personas han perdido la vida intentado llegar a las costas españolas. Esta cifra puede ser cierta o no, puede ser mayor o menor. No hay datos fiables al 100% ya que el Estrecho debido a su profundidad y a las corrientes no siempre devuelve las vidas que se cobra. Entre los años 1997 y 2004 aproximadamente fue el momento fuerte de la inmigración en el Campo de Gibraltar. Tras la activación del SIVE, Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, las mafias derivaron la inmigración de indocumentados hacia las costas de las Canarias. El llamado "Blindaje del Estrecho" quizás haya sido un éxito para las autoridades, ya que las pateras casi han desaparecido en esta zona, pero lo que no cabe duda, es que ha sido un fracaso desde el punto de vista humanitario.
El cambio del Estrecho a las Canarias han hecho aumentar el número de víctimas. Cuando cruzaban por aquí la franja desde la que salían era más o menos pequeña y controlable. La travesía, aunque criminal, no era de más de 20 kilómetros. Ahora parten embarcaciones desde kilómetros y kilómetros de costa atlántica africana, y los viajes duran días cuando no semanas.
Durante unos 3 años estuve cubriendo las llegada de inmigrantes a las costas campogibraltareñas. Cada noche antes de acostarme con dos móviles encendidos por si me llamaban, miraba si era poniente o levante. Si era poniente ya sabía que no iba a dormir. Es el viento más propicio para alcanzar la costa española, además que el mar suele estar más tranquilo que con levante. A las 4 o 5 de la madrugada sonaba el telénono:
"Ha llegado una patera.La están llevando al Puerto de tarifa. En cinco minutos te recojo".
Yo tenía cada noche preparado las botas, calcetines de lana, un chaquetón gordo, y bufanda.
En cinco minuto, con ojos legañosos, me iba con el cámara a Tarifa.
Allí en el puerto se iniciaban las horas de espera junto a la Guardia Civil y la Cruz Roja. También en los inicios muchos vecinos de Tarifa se acercaban con ropas y comida. Si hay algo bueno de todo eso es ver como gente humilde se movilizaba durante el día para buscar ropa y alimentos por si llegaban inmigarantes acercarse a atenderlos. Aquí no había ni autoridades ni ong´s, era la gente del pueblo llano.
Cuando llegaban las patrulleras de la Guardia Civil o de Salvamento Marítimo, grabábamos el desembarco y como los iban montando en el furgón de la Benemérita. Otros iban heridos y se les atendía en el mismo muelle. Se les daba mantas, leche caliente, y se les practicaba los primeros auxilios si era necesario. Nunca se me olvidará esas caras, esas miradas. Los subsaharianos, por muy mal que se encontraran, se les veía la alegría, ellos sabían que no iban a ser deportados. Caso aparte era los marroquíes, algunos ya mayores, padres de familia, que habían invertido todo lo que tenían y no tenían para pagar la patera y sabían que en 24 horas iban a estar otra vez en Marruecos y a saber qué castigo les impondrían.
En muchas ocasiones llegaban embarazadas que eran trasladadas al Hospital Punta Europa de Algeciras. Y con frecuencia llegaban bebes de menos de dos años.
Nosotros hacíamos nuestro trabajo: grabar para informar de lo que estaba sucediendo en el Estrecho mientras las autoridades aún no habían reaccionado ni habían dotado a la zona de una mínima infraestructura para atender a los inmigrantes.
Cuando llegaban niños, los cambiaban, los vestían, y les preparaban un biberón. Como no daban abastos, los periodistas los cogíamos, acunábamos y les dábamos el biberón. Estas han sido una de las experiencias más bonitas de mi vida profesional y personal. La alegría porque el bebé estaba ya sano y salvo, abrigado y comiendo, después de cruzar un Estrecho peligroso, traidor y negro como la boca de un lobo.
La peor experiencia era cuando venían muertos, ya llegara en la patera o lo encontraran en las costas. Ver el cuerpo de un ser humano que hacía unas horas estaba vivo y ahora se chocaba contra las rocas como un muñeco es desgarrador. Algo que no se puede olvidar nunca. Ya otro día seguiré escribiendo sobre estas experiencias.
Hoy, Día de Todos los Santos, muchas personas yacen en esa fosa común que es el Estrecho. Muchas madres, esposas, hijos, siguen esperando la llamada de su familiar que se fue en busca de un vida mejor para ellos y del que nunca más se supo. Alguno son consciente de que han muerto, otros prefieren pensar que siguen vivo, pero lo peor de todo es la incertidumbre.
Hoy nos acordamos de nuestros seres queridos que nos dejaron, pero también me quiero acordar de todos los que buscando el paraíso de Europa, murieron en el intento.
Alguno están en aguas del Estrecho, otros en fosas comunes, otras en nichos con un número, y otros quién sabe donde. Vaya mi recuerdo para todos ellos y mi deseo de que para poder comer las personas no tengan que morir en el intento.
FOTO: No he podido poner mejor la foto porque no tengo el programa adecuado. Es un recorte de hace unos 6 ó 7 años del Europasur o del Algeciras Información. La foto va firmada por A.R.R. Es un homenaje que se hizo el Día de Difuntos en el cementerio de Tarifa, oficiada por un sacerdote cristiano y un imán marroquí. Se encuentran delante de una fosa común donde se enterraban a los inmigrantes que morían en el Estrecho. De rodillas, a pie de sepultura, estoy yo cubriendo la información. Desde hace unos años no se hacen enterramientos en fosas comunes sino en nicho individuales, con un número, y donde se pone la fecha en la que murió.