Te dije más de una vez que estaba harta de que me llamaras mora, pero tú nada, erre que erre. Así que te demostraré que no lo soy. Me acerqué a él, que sollozaba, y con un rápido movimiento de navaja le vacié un ojo. Chillaba como un cochino en el matadero. "Los árabes ofrecen los ojos a sus invitados. Pero nunca le darían el de un cerdo como tú". Dejó de gritar. Se había desmayado. Me tragué su ojo sin masticar. Estaba gelatinoso y sabía a sangre y salado. Cuando me iba me acordé de mi musa, Belén Esteban, "te arranco los ojos, me los trago, los escupo y los pisoteo". Yo no iba a escupirlo, pensaba mientras se dibujaba una sonrisa en los labios.
Esther Lara
Premios Mala Uva TELEpatético Campanadas a 2018
Hace 8 años
