sábado, 25 de octubre de 2008

El electricista vidente

Hay veces que te pasan cosas que ni tu misma entiendes. Ésta, en contra de lo que pueda parecer, es una historia verídica, me pasó a mí. Quizás si me la cuentan pensaría que es coña de alguien pero la viví en primera persona. De esto hace unos cuatro años.
Un día de verano me fui a comer a casa después de trabajar, Calenté un poco de pan en el horno y almorcé. En contra de lo habitual, ese día me dio por fregar lo poco que había. Tras limpiar la vitrocerámica me puse a lavar unos vasos y unos platos.
De pronto escuché un estruendo, asustada miré hacia un vaso que había puesto en el escurreplatos, pensando que se había caído, pero seguía ahí. Miré por toda la cocina asustada, y ahí estaba, había estallado la puerta del horno.
Tenía el corazón en la boca por la impresión del ruido, vamos, que estaba acojoná. Llamé a mi madre y se lo expliqué ella. Ella me dijo:

“No te vayas de la casa a ver si va a ser un cortocircuíto y te sale al cocina ardiendo”
Manda huevos, más me acojoné.
Entonces llamé a un amigo, que tiene más contactos que las Páginas Amarillas. Le conté lo ocurrido y me dijo:
“Tranquila, llama a Rubén. Este chico se dedica a reparar electrodomésticos. Además en un rato me paso por tu casa a ver lo que ha pasado”
Claro, con la advertencia de mi madre “Ten cuidado a ver si te sale ardiendo la cocina” pues no me atrevía a ir al trabajo, así que llamé y lo conté lo ocurrido.
Como media hora después de llamar al tal Rubén aparece por mi casa. Un chico joven, veinteañero, no mal parecido, Lo paso a la cocina, se apoya en la encimera y dice de forma muy contundente:
“Te ha estallao la puerta del horno”
Eso ya lo sé, gilipollas, pienso yo. So mamón no te he llamado para que me digas lo evidente.
“Claro, habrá tenido un cambio de temperatura”
Pero que dices capullo, le digo, sin lo de capullo, si sólo lo puse 5 minutos para calentar un poco de pan no he asado 7 jabalíes.
Él con su sapiencia comenta:
“Claro, es que hay que comprar electrodomésticos buenos”
So mamón, que es Teka, que no lo he comprado en el mercadillo.
A todo esto entre destellos de inteligencia, se quedaba minutos mirando al horno. Yo atacá en la pared apoyá esperando algo que me quitara el acojone.
Pues nada no, que el nene no deba más de sí
Visto lo visto, y tras decir él, si es que le hago caso a cualquiera, que no me salía ardiendo la cocina y que no era un cortocircuito, pues tonta de mí le pregunté:
“Bueno, y ¿cuánto es? Y me dice el caradura, “10 euros””

Sí, para darme dos hostias, se los di. Ya aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que le había pagado 10 euros por no hacer nada, pues le dije que tenía varios electrodomésticos que me fallaban o se habían averiado.
Craso error, podía haberme quedado callada, tragado la tierra o haber sido abducida por un Ovni, pero no, se lo dije, la madre que me parió, que es una santa.
Tras el comentario, haberse llevado 10 euros por la cara y decirme que no traía herramientas (so cabrón, como pensabas arreglarme el horno en el caso que fuera necesario).
Me miró a los ojos y me dijo
“¿Tú has ido a una vidente?”
Allí sí que me quedé a cuadros. ¿Qué carajo tiene que ver que te estalle la puerta del horno y se te estropeen los electrodomésticos con ir a un vidente?
Eso me lo dijo en el salón, mientras miraba alrededor.
“No tienes ninguna foto de Cristo ni de ningún santo”
Y yo de pie, temblona, “ No, ¿por?”
“Mujer, hay que estar protegida”
Yo ya en mi histeria, “¿pero bueno, notas algo raro?”
Él: Hombre, no es por ná, pero que se te estropeen tanto electrodomésticos no es normal”.
¿No?, decía yo, acojoná todavía por el estallido.
Nos sentamos en el sofá. Yo le digo “¿pero tú sabes de esto””. Él contesta” bueno, yo tengo gracia”. Y tanta, me has sacado 10 euros por la cara, gracia salero y de tó.
“¿Notas algo malo? Le pregunto yo, que estaba ya desde el momento de la puerta sin vivir en mí.

Bueno, dice él, “tú lo estás pasando mal, estás muy nerviosa” (no te jode, estaba como un flan). Un familiar tuyo ha estado con males en el hospital (uno, no, dos)”. Y de ahí una serie de "adivinaciones".
El chico me dice “¿hace mucho que no vas a echarte las cartas?”
Años, contesto yo.
“Pues deberías” dice él “que se rompan tantos electrodomésticos y sin santos que te protejan, lo más seguro es que te hayan echado un mal de ojo”.
La madre que me trajo. Me estalla la puerta del horno. Le pago 10 euros a un electricista por nada. Pero resulta que es vidente y cree que tengo un mal de ojo y me manda a la tarotista. ¿eso me pasa a mí na más?
El chico me dice que vaya a ver a una vidente, que me eche las cartas y me diga si me han echado mal de ojo.
Yo me quedo en casa, nerviosa aún, ya no solo por lo de la puerta del horno, sino por si estoy maldecida y me pongo a buscar en google la relación entre los electrodomésticos y el mal de ojo. Y la hay, al menos eso se encuentra en google.

Y esta es una historia completamente cierta. Me suelen pasar cosas surrealista. No sé si a los demás también pero no las cuentan. Pero no salgo de una cuando me pasa otra.

Cuando la conté se descojonaban amigos y familiares.
Por cierto, hace varias semanas me saltó el enganche de la puerta del microondas y me hizo hasta una raspadura en la mano
Todo el mundo, la primera yo, se acordó del electricista vidente.

Me han robado el bolso



Pues sí, me han robado el bolso. Estaba yo el pasado fin de semana en Grazalema participando en un congreso de Periodismo y Medio Ambiente. Fue estupendo. Charlas interesantes, mesas redondas constructivas, todo en un pueblo maravilloso como es Grazalema donde tuvimos la suerte que se celebraba "Sangre y amor en la Sierra" que recrea parte de la vida del bandolero José María "El tempranillo". Para quien no lo sepa, en una plaza recrean lo que era el pueblo en la época, sus casas, las tiendas, las tabernas. Además cientos de personas disfrazadas al estilo de la época. Buñuelos, fogatas donde asan los chorizos, tabernas donde comer desde unas migas serranas a un rabo de toro. Toda una delicia de fin de semana. El sábado, tras la cena, nos fuimos a la única discoteca del pueblo. Allí estabamos la mitad del grupo unos 20 entre españoles, gibraltareños y marroquíes. Bailando, bebindo, riéndonos. Pasando un buen rato. Cuando me iba a ir, me pongo a buscar mi bolso donde los teníamos todos junto con nuestras chaquetas ¡y no estaba! Nerviosa se lo comenté a un compañro que se quedó conmigo y empezamos a buscarlo por toda la "discoteca". Vamos que la discoteca tiene 40 metro cuadrados. ¡nada de nada! Nerviosa me fui a la barra y pregunté si alguien lo había dejado allí, la respuesta fua clara: NO. En ese momento me quedé como si me hubieran dejado desnuda en mitad de la pista. Me sentí completamente desamparada y desprotegida, como un niño que pierde a su madre en un centro comercial. Para mí mi bolso es como una embajada de mi casa. Me hace sentir segura y protegida. En mi bolso está lo mínimo e imprescindible para poderme mover por donde sea: las llaves de mi casa, mi móvil, mi cartera con documentación y tarjetas, el tabaco, los pañuelos de papel, una barra de labios, y algunas chorradas más. Con él me puedes dejar en mitad de cualquier ciudad o en los suburbios que ya llegaré adonde quiera llegar. Suerte que quedó un amigo conmigo y fue menos traumático. Me consoló y me llevó al hotel. Al día siguiente como es lógico seguía con un cabreo de dos pares. Me fastidiaban muchas cosas, pero sobre todo que no tenía las llaves de mi casa y que además tenía mi cámara de fotos con un centenar de instantáneas del encuentro, de mis amigos, del pueblo, de los bandoleros, etc. Al preguntar en recepción dónde estaba el cuartelillo de la Guardia Civil para poner la denuncia me dijo la chica "Ah, pues lo han encontrado, porque ha llamado la Guardia Civil". En ese momento me dio un subidón de adrenalina. ¡Mi bolso estaba!¡Podía recuperlarlo todo o al menos algo!. Un compañero, el único que llevaba coche ya que los otros 40 habíamos ido en un autobús que habíamos contratado, se ofreció llevarme. ¡Qué contenta que iba yo! Pensaba que si no todo, al menos algo recuperaría. Entro en el cuartelillo y estab un agente, por cierto joven y bastante guapo, fumándose un cigarro. Con una sonrisa le digo quien soy, que me habían robado el bolso y que ellos habían llamado al hotel. Me dice el chico "sí, en la silla está lo que nos han traído". Miro hacia la silla y ¡horrorrrr!. Había 6 pilas usadas, la llave del hotel, las de mi casa ¡menos mal!, un lápiz que me traje de la Cancillería de Ginebra, la tira de ibuprofeno, un salvaslip de los del sobrecito, una moneda de 2 céntimos y una de medio franco. ¡La madre que parió al ladrón!. Con cara estupefacta escucho al agente que me dice "es que un vecino se lo ha encontrado y al ver la llave del hotel ha pensado que le habían robado el bolso a una turista!. Bajadón de la adrenalina que me había subido. Yo miraba a la silla y ya me reía. El ladrón tuvo arte al dejar lo que dejó, pero el que lo encontró más arte aún para devolver hasta el salvaslip plegable. El agente me ofrece un cigarro y fumamos mientras anulo las tarjetas, el número de móvil y hacíamos las diligencias. Hubo momentos en qu nos descojonábamos los tres al ver mis "posesiones". La situación era surrealista, pueblo de 2.400 habitantes, yo con mis poseiones en una mano, mientras charlaba con el agente y fumábamos cigarros. Cuando volvimos al hotel, todos esperando mi bolso, y les enseño el salvaslip. el ibuprofeno, el lápiz, la moneda de 2 céntimo y la de medio franco, alucinaban. Me lo tomé a risa, tenía dos opciones o tomármelo a cachondeo o llorar. Después de viajar por varios países, de ir sola en ocasiones a Marruecos, de moverme de madrugada sola por Madrid, Vilnius, Riga o Estambul, me roban el bolso en un pueblo cercano al mío, de 2400 habitantes y donde estábamos 20 personas de mi grupo. Lo miro por esa parte y suena hasta paradójico y gracioso. ¡La madre que parió al ladrón y a tóa su nación entera!
PD. En la ímagen "mi bolso" y yo en la sede de la ONU en Ginebra
PD2. No sé poner pie de foto, jajaja

jueves, 16 de octubre de 2008

12 años de profesión

Hace 12 años, tal día como hoy y a esta hora aproximadamente, comenzaba mi andadura profesional en los medios de comunicación. Estaba atacá de los nervios. Nunca había hecho televisión y me enfrentaba a un programa de más de 2 horas en directo. Yo había hecho prácticas en radio, reportajes, entrevistas, pero nada de esta envergadura. Comenzaba mi andadura profesional y también la de la empresa en la que continúo trabajando. Éramos 4 gatos con menos de 25 años, pocos medios, pero mucha ilusión y energía. A la secretaria la pusieron como “locutora de continuidad”. A las once de la mañana comenzaba la emisión saludando a los espectadores, dando la programación y el santoral. Era grabado, y tuvo que repetir como 6 veces. 11.00 h. todos los jefes con la tele encendida. “Hola, muy buenos días, etc, etc, ¡coño, que me he equivocado”. ¡¡¡Tragedia!!!. Se equivocaron y metieron la toma falsa. Ese fue el comienzo de esta televisión y así nos ha ido. Tras querer cortar cabezas, comenzaba “Como en casa”.
Hay está estaba yo por primera vez delante de una cámara y con dos horas por delante de directo. El decorado era un sofá de cuadros celestes y amarillos que compramos de oferta y una mesita baja. Además teníamos un par de mecedoras, tres cuadros prestados y varios elementos decorativos que nos dejaron. Los primeros minutos podía escuchar mi corazón. A los 10 minutos me sentí, como el nombre del programa, como en casa, y me dije “esto es lo tuyo”. Comenzaba una etapa nueva en mi vida. Dejaba de ser la joven que iba a comenzar 5º de carrera y cuya preocupación era aprobar y disfrutar de la vida, para ser una mujer responsable que dirigía, producía y presentaba un programa. Cada día contra reloj para sacar adelante un producto al medio “medio digno”. Horarios larguísimos, carreras de allá para acá, enfados porque un invitado no se presentaba, cortes publicitario para llorar de impotencia en el cuarto de baño, restaurarte para volver al directo y que los telespectadores no notasen nada. Éramos jóvenes, felices e indocumentados. Nada nos paraba, teníamos ilusión y energía para enfrentarnos cada día con todos los problemas que surgían.
Había días que teníamos que esperar a que llegase una cámara de la calle para poder empezar el programa, otras veces había que ir a cualquier tienda para comprar una cinta VHS y así grabar el programa que se repetía por la noche. Entrevistas de hasta 45 minutos ya que yo desde el plató escuchaba el ascensor y sabía que no había llegado el siguiente invitado. Reportajes que empezaban de día y se veía como anochecía. El culebrón del que sólo se había comprado 40 capítulos y repetíamos una y otra vez. Los programas de cocina de J.J. Castillo, alias “el orejilla” y que tanto me ayudaron para rellenar cuando me sobraba tiempo. Desde entonces más de mil horas de televisión, miles de entrevistas, reportajes, directos, cientos de programas de todo tipo, noticias, informativos…
Pero no sólo fueron momentos malos también tuvo su parte buena, el cariño de la gente (en ocasiones excesivo porque en una ciudad pequeña pierdes tu vida privada), interesantes entrevistas a personas como Matías Prats, padre, Joaquín Luqui, Paco Rabal, entre muchos otros. Cobertura de noticias como la toma de Perejil, el fenómeno de la inmigración en las costas del Campo de Gibraltar, el Tireless o la visita de los Reyes y los Príncipes, etc. 12 años después continúo en la misma empresa, pero muchas cosas han cambiado, ya no soy la joven de 22 años que tenía fuerzas para parar un tren. Ya no soy esa chica ilusa, la vida te enseña, lo malo es que lo hace a golpes.
Hoy se cumplen 12 años y no sé si reír o llorar, si felicitarme o darme el pésamen. Sea como sea es lo que me ha deparado la vida. Hoy quiero recordar a todos aquellos que empezaron conmigo, algunos de ellos aún siguen, y que nos hemos hecho adultos juntos. Y quiero homenajear a todos los que un día también fueron jóvenes y empezaron ilusionados su carrera profesional. Y sobre todo quiero recordar a la chica que fui, que entre todos la mataron y ella sola se murió, y que nunca volverá… o quién sabe si un día regresa aunque con más años.

jueves, 9 de octubre de 2008

Un bonito recuerdo



Para la tristeza, un momento de felicidad. Anochecer en Estambul mientras paseas en barco por el Bósforo. Con la Torre Gálata de fondo. Un viaje maravilloso que me hizo muy feliz.

Estoy harta, muy harta

Si algunos seres humanos invirtieran la mitad del tiempo y energía que destinan a joder prójimo en buscar su propia felicidad, el mundo sería un lugar maravilloso donde vivir. Sin embargo, esto no es así. Estoy harta, muy harta de toda la panda de hijos de puta, cabrones y malnacidos que aprovechan las 24 horas del día en amargar a las personas de su alrededor. Me imagino que así son felices. Que muchos hombres son malos de condición. Que Hobbes tenía razón y que “el hombre es un lobo para el hombre”. No digo yo que no haya gente buena, lo que digo es que hay mucho cabrón suelto. Cada vez me convenzo más de que ser una persona legal es un gran error y cada año le pido a los Reyes Magos ser mala. El mundo está dominado por gente cabrona a las que no les importa pisotear, machacar y hundir a los demás mientras sus culos estén a salvo. No es que de esto me haya dado cuenta hoy. Sólo que hoy estoy especialmente cabreada. Tenía previsto asistir a un congreso en una ciudad cercana. Pedí un día que me debía la empresa y me lo han negado. ¿Motivo? No quieren que más de 2 personas de mi trabajo acuda a pesar de que eso no afecta al desarrollo del trabajo, ni les supone dar días de más, ni nada de eso. Sólo que a uno de los mil jefes que tiene esta empresa con pocos indios se le ha plantado en sus nobles partes que no van más de dos. Le ha dado por ahí y la fastidiada soy yo. Esto sería pues simplemente una putada si no concurriesen una serie de circunstancias y puteos previos que son muy largos de explicar y que darían para una novela. Cada día a uno de esos mil jefes se le ocurre una nueva forma de tortura, de desganar al personal y de hundirlo en la miseria. Con lo fácil que es hacer feliz a una persona y trabajar en un buen ambiente. Y aquí estoy enfadada, con mala hostia, deprimida y encima llueve con lo poco que me gusta. De esos días que mejor no levantarse.

lunes, 6 de octubre de 2008

Fobia a las agujas


Hoy me he portado muy bien y he pataleado y gritado poco cuando me han sacado la sangre. Bueno, esto sería cierto si tuviera 5 años y no 34. Pero es que el tema de las agujas me supera. Eso sí, he sido valiente y he ido sola. Para no variar se han reído de mi por no parar de decir “Ay, ay, ay” antes de que me hincaran la aguja a la vez que pateaba el suelo, cerraba los ojos, gesticulaba y no dejaba el brazo quieto. Al terminar más guasa “¿Tú no tendrás piercings, no?”. Muy graciosa la mujer. Para hacerme a mí un piercing o un tatuaje haya que sedarme, eso sí, sedación por vía oral.
De niña sin embargo aguantaba muy bien eso de los análisis de sangre. El problema venía cuando eran inyecciones. Cada dos por tres estaba con anginas e inyecciones al canto. Por más que le suplicaba a los médicos que me mandaran otra cosa, no me hacían ni caso. De mayor tampoco me lo hacen. Cada tarde el momento traumático. Llegaba Ana o Pepe, los “criminales”. Yo empezaba a llorar media hora antes. Mi madre, mi padre, mis tías, todos contra una pobre niña inocente, agarrándome para que no me moviera. Gritos y llantos. Se mascaba la tragedia. El truco de siempre: endurecer los músculos del culo para que no me pudieran pinchar. Al final el resultado de siempre: tortazo en el culo y pinchazo. Traumatizá.
Por suerte estuve años que ni análisis ni inyecciones. Ya con 17 me tuve que hacer una analítica. Resultado: media hora desmayada. Cuando volvía en sí, escuchaba a mi madre contarles que yo quería ser reportera de guerra. Yo en la nebulosa, que ni veía ni oía bien, pero el cachondeíto que tenían los “criminales” y mi madre era de cuidado.
También me hice famosa en la Mutua donde nos hacían el chequeo. Primero por pedir chequeo sin análisis de sangre. Después por mis gritos de “criminales, asesinos, que me estáis desangrando”. El enfermero hartándose de reír me acribillo ambos brazos porque no paraba de moverme. Mi compañera que estaba fuera esperándome no sabía donde meterse. Los que esperaban se preguntaban unos a otros qué me estarían haciendo. Soy famosa en esa Mutua.
En fin que me dan pavor.
Además es una mala manera de empezar la semana. Unido a que tuve que madrugar y escuchar en el taxi “al enano encabronao” de la COPE.
Y a todo esto seguro que tendrán que repetirme los análisis. Ya espero la llamada “Tenemos que volverle a repetir los análisis porque aparece falta de coagulación”. Yo le diré, “ya lo sé es algo que me pasa de siempre”. Aún así me dirá, “ya, bueno, pero se lo tenemos que repetir”. De nuevo a pasar por el tormento. Y total si no van a solucionar nada repitiéndolo. Ni que fueran a hacer morcillas con mi sangre. ¡Son ganas de hacerme sufrir!