martes, 3 de marzo de 2009

Con un par... de orejas


Hoy estaba aburridilla. Este invierno me está sentando fatal y se me está haciendo eterno con tanta lluvia y tan mal tiempo. De pronto me he acordado de las fotos que me mandó mi amigo Carlos y que aún tenía en "mis archivos recibidos", así que he decidio buscarlas y ponerlas en su sitio. Mirando las fotos he recordado muy buenos momentos, entre ellos, el de esta foto. Es una anécdota que he contado cientos de veces. Estábamos en Riga y para almorzar pedí oreja asada. Ya había probado las orejas fritas a tiritas, ahumadas y a la placha, así que me decidí a probar asadas. Fui al baño y cuando volví me encontré a mis compañeros de viaje, Carlos y Javi, muertos de risa y esperándome impacientes. Miré para mi plato y me vi este bandejón con dos orejas brutales, además de muchísima guarnición. Como soy tan "fina" solté por esta boquita que Dios me ha dado una retahila de insultos. Me quedé asombrada, me esperaba algo normalito, pero es que daba miedo tanta comida. "Acércate y háblales, que escuchan", me decían los dos mamoncetes. Estaban buenas, pero excesivamente gelatinosas y eso de ver tanta comida en el plato me quita el hambre. Eso sí nos hartamos de reir a costa de las "dos orejitas". "Eso te pasa por pedir cosas raras" me decían, pero oye, es que comer siempre lo que se conoce es un rollo. Un momento divertidísimo para el recuerdo. ya la próxima vez que pida oreja me aseguraré que me las ponen chiquititas y no dos y entera. Sólo me faltó cortar el rabo ;).

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