lunes, 26 de abril de 2010

"El ojo del cerdo"

Te dije más de una vez que estaba harta de que me llamaras mora, pero tú nada, erre que erre. Así que te demostraré que no lo soy. Me acerqué a él, que sollozaba, y con un rápido movimiento de navaja le vacié un ojo. Chillaba como un cochino en el matadero. "Los árabes ofrecen los ojos a sus invitados. Pero nunca le darían el de un cerdo como tú". Dejó de gritar. Se había desmayado. Me tragué su ojo sin masticar. Estaba gelatinoso y sabía a sangre y salado. Cuando me iba me acordé de mi musa, Belén Esteban, "te arranco los ojos, me los trago, los escupo y los pisoteo". Yo no iba a escupirlo, pensaba mientras se dibujaba una sonrisa en los labios.

Esther Lara

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