Hay veces que te pasan cosas que ni tu misma entiendes. Ésta, en contra de lo que pueda parecer, es una historia verídica, me pasó a mí. Quizás si me la cuentan pensaría que es coña de alguien pero la viví en primera persona. De esto hace unos cuatro años.
Un día de verano me fui a comer a casa después de trabajar, Calenté un poco de pan en el horno y almorcé. En contra de lo habitual, ese día me dio por fregar lo poco que había. Tras limpiar la vitrocerámica me puse a lavar unos vasos y unos platos.
De pronto escuché un estruendo, asustada miré hacia un vaso que había puesto en el escurreplatos, pensando que se había caído, pero seguía ahí. Miré por toda la cocina asustada, y ahí estaba, había estallado la puerta del horno.
Tenía el corazón en la boca por la impresión del ruido, vamos, que estaba acojoná. Llamé a mi madre y se lo expliqué ella. Ella me dijo:
“No te vayas de la casa a ver si va a ser un cortocircuíto y te sale al cocina ardiendo”
Manda huevos, más me acojoné.
Entonces llamé a un amigo, que tiene más contactos que las Páginas Amarillas. Le conté lo ocurrido y me dijo:
“Tranquila, llama a Rubén. Este chico se dedica a reparar electrodomésticos. Además en un rato me paso por tu casa a ver lo que ha pasado”
Claro, con la advertencia de mi madre “Ten cuidado a ver si te sale ardiendo la cocina” pues no me atrevía a ir al trabajo, así que llamé y lo conté lo ocurrido.
Como media hora después de llamar al tal Rubén aparece por mi casa. Un chico joven, veinteañero, no mal parecido, Lo paso a la cocina, se apoya en la encimera y dice de forma muy contundente:
“Te ha estallao la puerta del horno”
Eso ya lo sé, gilipollas, pienso yo. So mamón no te he llamado para que me digas lo evidente.
“Claro, habrá tenido un cambio de temperatura”
Pero que dices capullo, le digo, sin lo de capullo, si sólo lo puse 5 minutos para calentar un poco de pan no he asado 7 jabalíes.
Él con su sapiencia comenta:
“Claro, es que hay que comprar electrodomésticos buenos”
So mamón, que es Teka, que no lo he comprado en el mercadillo.
A todo esto entre destellos de inteligencia, se quedaba minutos mirando al horno. Yo atacá en la pared apoyá esperando algo que me quitara el acojone.
Pues nada no, que el nene no deba más de sí
Visto lo visto, y tras decir él, si es que le hago caso a cualquiera, que no me salía ardiendo la cocina y que no era un cortocircuito, pues tonta de mí le pregunté:
“Bueno, y ¿cuánto es? Y me dice el caradura, “10 euros””
Sí, para darme dos hostias, se los di. Ya aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que le había pagado 10 euros por no hacer nada, pues le dije que tenía varios electrodomésticos que me fallaban o se habían averiado.
Craso error, podía haberme quedado callada, tragado la tierra o haber sido abducida por un Ovni, pero no, se lo dije, la madre que me parió, que es una santa.
Tras el comentario, haberse llevado 10 euros por la cara y decirme que no traía herramientas (so cabrón, como pensabas arreglarme el horno en el caso que fuera necesario).
Me miró a los ojos y me dijo
“¿Tú has ido a una vidente?”
Allí sí que me quedé a cuadros. ¿Qué carajo tiene que ver que te estalle la puerta del horno y se te estropeen los electrodomésticos con ir a un vidente?
Eso me lo dijo en el salón, mientras miraba alrededor.
“No tienes ninguna foto de Cristo ni de ningún santo”
Y yo de pie, temblona, “ No, ¿por?”
“Mujer, hay que estar protegida”
Yo ya en mi histeria, “¿pero bueno, notas algo raro?”
Él: Hombre, no es por ná, pero que se te estropeen tanto electrodomésticos no es normal”.
¿No?, decía yo, acojoná todavía por el estallido.
Nos sentamos en el sofá. Yo le digo “¿pero tú sabes de esto””. Él contesta” bueno, yo tengo gracia”. Y tanta, me has sacado 10 euros por la cara, gracia salero y de tó.
“¿Notas algo malo? Le pregunto yo, que estaba ya desde el momento de la puerta sin vivir en mí.
Bueno, dice él, “tú lo estás pasando mal, estás muy nerviosa” (no te jode, estaba como un flan). Un familiar tuyo ha estado con males en el hospital (uno, no, dos)”. Y de ahí una serie de "adivinaciones".
El chico me dice “¿hace mucho que no vas a echarte las cartas?”
Años, contesto yo.
“Pues deberías” dice él “que se rompan tantos electrodomésticos y sin santos que te protejan, lo más seguro es que te hayan echado un mal de ojo”.
La madre que me trajo. Me estalla la puerta del horno. Le pago 10 euros a un electricista por nada. Pero resulta que es vidente y cree que tengo un mal de ojo y me manda a la tarotista. ¿eso me pasa a mí na más?
El chico me dice que vaya a ver a una vidente, que me eche las cartas y me diga si me han echado mal de ojo.
Yo me quedo en casa, nerviosa aún, ya no solo por lo de la puerta del horno, sino por si estoy maldecida y me pongo a buscar en google la relación entre los electrodomésticos y el mal de ojo. Y la hay, al menos eso se encuentra en google.
Y esta es una historia completamente cierta. Me suelen pasar cosas surrealista. No sé si a los demás también pero no las cuentan. Pero no salgo de una cuando me pasa otra.
Cuando la conté se descojonaban amigos y familiares.
Por cierto, hace varias semanas me saltó el enganche de la puerta del microondas y me hizo hasta una raspadura en la mano
Todo el mundo, la primera yo, se acordó del electricista vidente.
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