sábado, 25 de octubre de 2008

Me han robado el bolso



Pues sí, me han robado el bolso. Estaba yo el pasado fin de semana en Grazalema participando en un congreso de Periodismo y Medio Ambiente. Fue estupendo. Charlas interesantes, mesas redondas constructivas, todo en un pueblo maravilloso como es Grazalema donde tuvimos la suerte que se celebraba "Sangre y amor en la Sierra" que recrea parte de la vida del bandolero José María "El tempranillo". Para quien no lo sepa, en una plaza recrean lo que era el pueblo en la época, sus casas, las tiendas, las tabernas. Además cientos de personas disfrazadas al estilo de la época. Buñuelos, fogatas donde asan los chorizos, tabernas donde comer desde unas migas serranas a un rabo de toro. Toda una delicia de fin de semana. El sábado, tras la cena, nos fuimos a la única discoteca del pueblo. Allí estabamos la mitad del grupo unos 20 entre españoles, gibraltareños y marroquíes. Bailando, bebindo, riéndonos. Pasando un buen rato. Cuando me iba a ir, me pongo a buscar mi bolso donde los teníamos todos junto con nuestras chaquetas ¡y no estaba! Nerviosa se lo comenté a un compañro que se quedó conmigo y empezamos a buscarlo por toda la "discoteca". Vamos que la discoteca tiene 40 metro cuadrados. ¡nada de nada! Nerviosa me fui a la barra y pregunté si alguien lo había dejado allí, la respuesta fua clara: NO. En ese momento me quedé como si me hubieran dejado desnuda en mitad de la pista. Me sentí completamente desamparada y desprotegida, como un niño que pierde a su madre en un centro comercial. Para mí mi bolso es como una embajada de mi casa. Me hace sentir segura y protegida. En mi bolso está lo mínimo e imprescindible para poderme mover por donde sea: las llaves de mi casa, mi móvil, mi cartera con documentación y tarjetas, el tabaco, los pañuelos de papel, una barra de labios, y algunas chorradas más. Con él me puedes dejar en mitad de cualquier ciudad o en los suburbios que ya llegaré adonde quiera llegar. Suerte que quedó un amigo conmigo y fue menos traumático. Me consoló y me llevó al hotel. Al día siguiente como es lógico seguía con un cabreo de dos pares. Me fastidiaban muchas cosas, pero sobre todo que no tenía las llaves de mi casa y que además tenía mi cámara de fotos con un centenar de instantáneas del encuentro, de mis amigos, del pueblo, de los bandoleros, etc. Al preguntar en recepción dónde estaba el cuartelillo de la Guardia Civil para poner la denuncia me dijo la chica "Ah, pues lo han encontrado, porque ha llamado la Guardia Civil". En ese momento me dio un subidón de adrenalina. ¡Mi bolso estaba!¡Podía recuperlarlo todo o al menos algo!. Un compañero, el único que llevaba coche ya que los otros 40 habíamos ido en un autobús que habíamos contratado, se ofreció llevarme. ¡Qué contenta que iba yo! Pensaba que si no todo, al menos algo recuperaría. Entro en el cuartelillo y estab un agente, por cierto joven y bastante guapo, fumándose un cigarro. Con una sonrisa le digo quien soy, que me habían robado el bolso y que ellos habían llamado al hotel. Me dice el chico "sí, en la silla está lo que nos han traído". Miro hacia la silla y ¡horrorrrr!. Había 6 pilas usadas, la llave del hotel, las de mi casa ¡menos mal!, un lápiz que me traje de la Cancillería de Ginebra, la tira de ibuprofeno, un salvaslip de los del sobrecito, una moneda de 2 céntimos y una de medio franco. ¡La madre que parió al ladrón!. Con cara estupefacta escucho al agente que me dice "es que un vecino se lo ha encontrado y al ver la llave del hotel ha pensado que le habían robado el bolso a una turista!. Bajadón de la adrenalina que me había subido. Yo miraba a la silla y ya me reía. El ladrón tuvo arte al dejar lo que dejó, pero el que lo encontró más arte aún para devolver hasta el salvaslip plegable. El agente me ofrece un cigarro y fumamos mientras anulo las tarjetas, el número de móvil y hacíamos las diligencias. Hubo momentos en qu nos descojonábamos los tres al ver mis "posesiones". La situación era surrealista, pueblo de 2.400 habitantes, yo con mis poseiones en una mano, mientras charlaba con el agente y fumábamos cigarros. Cuando volvimos al hotel, todos esperando mi bolso, y les enseño el salvaslip. el ibuprofeno, el lápiz, la moneda de 2 céntimo y la de medio franco, alucinaban. Me lo tomé a risa, tenía dos opciones o tomármelo a cachondeo o llorar. Después de viajar por varios países, de ir sola en ocasiones a Marruecos, de moverme de madrugada sola por Madrid, Vilnius, Riga o Estambul, me roban el bolso en un pueblo cercano al mío, de 2400 habitantes y donde estábamos 20 personas de mi grupo. Lo miro por esa parte y suena hasta paradójico y gracioso. ¡La madre que parió al ladrón y a tóa su nación entera!
PD. En la ímagen "mi bolso" y yo en la sede de la ONU en Ginebra
PD2. No sé poner pie de foto, jajaja

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